sábado, 22 de diciembre de 2012

Jesús se deja encontrar si lo necesitas


En la Biblia, las experiencias más profundas de fe se dan prácticamente, en las personas con  pocas  posibilidades humanas. Un muchacho sin armas vence al guerrero más fuerte, un pueblecito pequeño como Belén aporta más que una gran ciudad orgullosa de sí misma, una mujer embarazada y marginada es la gran madre de las posibilidades humanas, un Jesús pobre e impotente sacude al César fuerte y poderoso, un ciego tullido descubre la luz en lugar de Pilatos que permanece en la oscuridad a pesar de todos sus medios.

"Mira también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella a quien llamaban estéril, porque nada hay imposible para Dios" (Lc 1, 36-37). María, que sabe leer los signos de los tiempos y que posee un sentido concreto de la llamada de Dios, comprende rápidamente el sentido de la llamada particular que se le dirige: lleva tu ayuda a tu prima.

MEDITACIÓN SOBRE LA VISITACIÓN

PRIMER MISTERIO
María, madre siempre disponible, haz que a semejanza tuya, sepamos reconocer en nuestra vida, en los signos concretos, las llamadas de Dios y que respondamos, como tú hiciste, de manera concreta. Ruega a tu Hijo para que me conceda ver esos signos: un familiar, un enfermo que necesita ser visitado, un hermano de la iglesia o un amigo en apuros, un joven en crisis, comprender la llamada que Dios puede dirigirme a través de una circunstancia particular. Que al mirarte, María, sabiéndome llamado y queriendo responder de manera concreta, comprometiendo algo de mi vida y de mi tiempo, vaya yo contigo hacia la tarea que Dios me confía tratando de poner allí mi fidelidad.
    Dios te salve, María...

SEGUNDO MISTERIO

María se pone pues en camino y quiero imaginar que va en compañía de José. Consideremos este camino que harán juntos como ejemplo del camino que tenemos que hacer para reunirnos con los demás. Porque es cierto que existe una distancia entre nuestros hermanos y nosotros. Estamos llamados a rebasar esta distancia...

Vas con lo poco que eres y tienes. Tú aceptas lo poco que eres capaz de dar; te acercas a tu prima con tus pobres medios. Al contemplarte, María, comprendo que debo ir hacia los otros con los pequeños medios de que dispongo. "Nuestra Señora de los pequeños medios, ruega por nosotros". Que al mirarte, María, sabiéndome llamado y queriendo responder de manera concreta, comprometiendo algo de mi vida y de mi tiempo, vaya yo contigo hacia la tarea que Dios me confía tratando de poner allí mi fidelidad.

    Dios te salve, María...

TERCER MISTERIO.

María camina no sólo en pobreza sino también en humildad. Mientras, nosotros observamos sin cesar el efecto que causamos. Si tengo un puesto importante, ¿tienen los demás plena conciencia de la importancia de mi misión? Si tengo un puesto modesto, ¿nadie se da cuenta de que valgo para más? Analizo sin cesar y experimento el choque del efecto producido. Tú, María, eres la que soñarían ser todas las mujeres de Israel, eres la Madre del Mesías de una manera simple y gratuita. Eres la Virgen pura y limpia. Consientes en paz al designio de Dios sobre ti y el lugar que ocupas. Que tu oración del Espíritu Santo purifique, María, mi corazón a fin de que me abandone en la paz, confiando en sus manos mis actividades y los trabajos que estoy llamado a desempeñar. Todo está en tus manos y no en las mías. Ojalá guardemos la fidelidad a esta oración del pobre; estar contigo, en presencia de Dios, sin grandes ideas, sin otras palabras que las tan perfectamente conocidas de la salutación evangélica.

Dios te salve, María...

CUARTO MISTERIO.

María camina silenciosamente. Esto no quiere decir que esté encerrada en sí misma. Hay silencios que están replegados sobre sí y son una negativa a exponerse a los hermanos o simple actitud exterior. Tú nos invitas a hacer lo mismo, porque tenemos la tentación de pensar que el silencio es bueno para los monjes. Ojalá podamos imitándote, adquirir el silencio del corazón y comprendamos lo que antes no comprendíamos... "Sí, es cierto, me equivoqué, no comprendí que tenía que hacer esto o aquello. Pero ahora, en el silencio, encuentro el verdadero camino de la comunicación con los demás". Comunícame, María, tu pasión por tener un corazón silencioso para poder amar mejor a mis hermanos.

Dios te salve, María...

QUINTO MISTERIO.

Al observar a María y a Isabel, sabemos en la fe que Dios se comunica en este acto fraternal. Dios se comunica con los hombres cada vez que los hombres hacen un verdadero gesto fraternal y por consiguiente, pobre, humilde y silencioso. Que resida en cada uno de nosotros el alma de María. Que por la oración de María se nos otorgue esa pobreza, esa humildad, ese corazón silencioso a fin de que se manifieste en nosotros y en torno de nosotros la gloria de Dios.
 
Dios te salve, María...

Dichoso el que cree y estos días espera que algo importante ocurra, porque su vida cambiará como la de los padres que esperan a un niño que viene y llena la casa de alegría.

Fuente: MERCABA

sábado, 15 de diciembre de 2012

Nuestro Cardenal hablo del encuentro de Jesucristo con los pobres


CIUDAD DEL VATICANO, Viernes 14 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Durante los días en que duró el congreso internacional Ecclesia in America, organizado por la Comisión Pontificia para América Latina, había una figura con un especial relevancia por su conocimiento del tema, así como por la historia que lleva consigo su gobierno pastoral.Nos referimos al cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo en República Dominicana, jurisdicción que detenta a la vez el título de Primada de América, dado que allí llegó el evangelio desde España.

¿Qué importancia ha tenido este encuentro a los 15 años del Sínodo para América?--Card. López Rodríguez: Indiscutiblemente, es de una gran importancia. En aquella época en que el papa quiso hacer el Sínodo, yo estaba como presidente del Celam, y me alegró mucho porque ví en esa decision del papa una proyeccion de la Iglesia en este continente –y en los demás--, hacia los 2000 años de la venida de Jesucristo al mundo. Hoy nos ponemos en sintonía con aquel momento histórico.

Usted estuvo también cuando el hoy beato Juan Pablo II habló en 1983 por primera vez en América Latina, sobre la Nueva Evangelización. ¿Cómo se ha venido madurando esta idea? ¿Cree que se ha ha entendido, o que ya ha encontrado su campo de cultivo? --Card. López Rodríguez: Los grandes momentos que hemos tenido en América Latina, especialmente con Juan Pablo II desde Puebla y Santo Domingo --aunque Aparecida no le tocó--, han sido momentos en que se ha ido avanzando en esta toma de conciencia de la evangelización de América. Y hoy por hoy, lo digo por mi país República Dominicana, estamos empeñados en profundizar en el tema de la evangelización. Disculpen la inmodestia, pero yo estoy en programas de televisión, de radio, con los jóvenes, y de verdad que me alegra mucho ver la sintonía de la gente joven que quiere que se le hable del tema. Ellos quieren que se les ayude a profundizar en el tema de la evangelización.
Usted tiene el privilegio de ser el arzobispo de la Diócesis primada de América. A poco más de 500 años de la evangelización ¿cuáles son los desafios que tiene la Nueva Evangelización?--Card. López Rodríguez: Hay problemas muy graves en América Latina, incluyendo mi país, porque vemos el recrudecimiento de un narcotráfico despiadado, muertes salvajes, crímenes de todas las formas. Así es que aparte de lo que ya conocemos de tipo atávico, como son los problemas sociales, la injusticia, una gran pobreza, todo esto ya es un desafío a la evangelización. Jesucristo se encontró con muchos pobres, pero Él respondió en su momento a lo que esa gente pobre necesitaba. Es decir, debemos darles una respuesta desde la persona de Cristo, del evangelio; ese es el espejo en que tenemos que vernos hoy día y decirle a esta América nuestra que el evangelio es el mismo hoy que hace dos mil años.
Se ha hablado mucho en el Sínodo de la Nueva Evangelización, sobre un “nuevo impulso” por parte de los pastores. ¿Cómo debe ser el presbítero de estos tiempos? --Card. López Rodríguez: Debe ser una persona con los pies en la tierra, que sepa qué nos toca hacer hoy día, con qué gente contamos, a quién nos dirigimos… Esto lo insisto mucho a los seminaristas y presbíteros, de que no podemos perder de vista que estamos en una realidad concreta, histórica, que nos exige dar respuestas muy concretas a las realidades que tenemos delante.
Son realidades que “claman al cielo”, ¿no?
--Card. López Rodríguez: Tenemos países con grandes contrastes sociales, con una situación política muy preocupante, y con gente que tiene el poder en sus manos y tampoco solucionan los problemas. 

Y con un alto nivel de corrupción que se lleva lo ganado…
--Card. López Rodríguez: La corrupción es un mal endémico, preocupante, que nos deja a todos desconcertados. En mi país hemos sacado documentos muy claros, categóricos, y lo hemos hecho reiterativamente; o sea no es que la Iglesia no lo haya dicho: yo prácticamente estoy todos los días en los medios de comunicación, hablando de lo que sucede. Es verdad que es una situación en la que habrá que esperar mucho más de la ayuda del Señor, y pedirle que nos de el valor, el acierto, la clarividencia para saber adónde apuntar.

Entrevista al cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo

Por José Antonio Varela Vidal

 

 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Estamos llegando al fin o al comienzo, solo Tú decides

Al comenzar el tiempo litúrgico del Adviento, que nos llevará a celebrar el acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios nos enfrentamos a un dilema que, necesariamente hemos de resolver en un sentido u otro: repetir nuevamente un ciclo litúrgico, con su comienzo hoy, su duración de aproximadamente un mes y su conclusión en el día de Navidad, como tantas veces hemos hecho, como tantas veces haremos, o tomarnos en serio este tiempo especial y hacer de él una experiencia única e irrepetible que nos haga avanzar en nuestra vivencia cristiana.
Tiempo que será tan lleno o tan vacío como sea llena o vacía la fiesta que pretendemos preparar:
a) Sera la expectativa de regalos, comidas, tragos y doble sueldo o únicamente el arreglo del árbol de Navidad... 
b) O una profundización del misterio de la Encarnación, que nos lleve a una vivencia más honda de nuestra relación personal y comunitaria con Jesucristo, el Señor, y de nuestra proyección cristiana en este mundo.
Conscientes de que la manera más eficaz de superar un vacío no es criticarlo, sino llenarlo de contenido, debemos reflexionar seriamente sobre el misterio de Adviento, plenos de confianza de que su luz y su fuerza son tan poderosas que pueden hacer recobrar el sentido a un tiempo que amenaza ahogarse solo en lo “comercial". Esta vivencia profunda y auténtica del Adviento hace girar nuestras vidas alrededor de dos focos, que no se oponen, sino que se integran, dinamizándola, sin embargo, con su saludable tensión:
a) El foco de la primera venida del Señor en Navidad y el foco de su segunda venida al final de los tiempos;
b) El foco de la fe en algo que ya comenzó y la esperanza en algo que aún queda por venir;
Es la saludable tensión entre Encarnación y Escatología, entre tiempo y eternidad, entre Historia y "más allá de la Historia", entre el "Ya" y "Aún no"
 La integración de ambos focos en una real vivencia es la que le da a la existencia cristiana toda su autenticidad. Todas estas polarizaciones negativas desgarran la integración cristiana que precisamente pretende superar toda dicotomía, todo divorcio entre oración y acción, entre conversión personal y compromiso social, entre alabanza a Dios y entrega al servicio del hombre, entre filiación y fraternidad... es una actitud de "cabeza levantada en expectativa de una liberación plena" que el Señor nos concederá como don gratuito "más allá de la Historia".
Pero el mismo Evangelio nos recuerda tareas temporales muy concretas, que si bien aparecen en tono negativo, no son menos urgentes: "Tener cuidado: no llenar nuestra vida con el vicio, la bebida y la preocupación por el dinero, no vaya a ocurrir que se nos eche encima de repente aquel día."
Se nos pide explícitamente un esfuerzo de liberación personal que traducido a nuestro lenguaje moderno diría: "Libérate de una sociedad de consumo que te esclaviza con sus falsos valores del standard de vida, del confort, del placer, de la moda, del sexo... y que mata en ti toda vigilante expectativa del Reino de Dios y paraliza en ti todo esfuerzo por hacerlo realidad en tu mundo."
En cambio: "Prepara ya desde ahora la plena liberación: superando el egoísmo por el amor, el vicio por la gracia, los desgarradores abismos sociales por la fraternidad, el lujo y el derroche por la austeridad, el hambre insaciable de lucro y ganancia por la justicia social, la búsqueda incansable de placer por la mortificación, para alcanzar el don gratuito que nos ofrece el Señor al final de los tiempos como comunión indestructible consigo mismo y como comunión, libre de todo egoísmo, con los hombres".
Sí. Podemos iniciar el Adviento teniendo en cuenta de que nos exige un cambio. A lo largo de estas cuatro semanas la liturgia de la Iglesia nos va a poner ante la urgencia de hacer hueco en nuestra vida a Alguien que viene.
Todo lo anterior es lo que podemos llamar la pedagogía del Adviento. Quizá nos puede resultar algo repetitivo, que nos suena de otros años, pero la realidad es que este Adviento está por estrenar y no sabemos qué dones nos reserva el Señor.
La esperanza cristiana no es simplemente estar a la espera, no es aguardar, sino preparar los caminos para la pronta venida del Señor.  En lenguaje bíblico lo que llamamos fin del mundo habría que llamarlo "el futuro del mundo". Es la transformación del mundo, no su aniquilación. El mundo es el lugar de la encarnación de Dios. Es evidente que la creación y la redención no actúan la una contra la otra, sino la una en la otra... Hay que tomarse este mundo en serio. Dios se lo ha tomado tan en serio que le dio a su propio Hijo (Jn 3,16).
Fuentes: GERMÁN SCHMITZ
Obispo Auxiliar de Lima/Perú
Mercaba

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Quién es el Rey de mi vida?


Qué significa celebrar hoy a un Cristo Rey, vivo, interpelante, que dirige, gobierna y potencia todos los momentos de la vida? ¿Cómo se puede entender en lenguaje actual el Reino de Dios?

Fue Pío XI quien instituyó, en el año 1925, esta solemnidad como recuerdo de aquel Año santo, y con la voluntad explícita de que fuera una ayuda catequética para la pedagogía de la fe. Con la misma intención la reforma litúrgica situó esta solemnidad en el último domingo del ciclo litúrgico anual. Así, en efecto, se subraya más la naturaleza, la universalidad y el fundamento de la realeza de Cristo.

¿Qué es la verdad?

Con esa pregunta se quedó Pilatos y, sin esperar, condenó a muerte al que podía responderle. Y es que no siempre preguntamos porque no sabemos; a veces preguntamos porque no queremos saber, para despistar, pues sospechamos que hay preguntas que no tienen respuesta. Pero son preguntas. Y debemos buscar la respuesta. Esa decisión va más allá de la razón y de la ciencia, pero no del hombre, que es más que razón, es lo que llamamos fe.

Para muchos hablar de Cristo Rey es casi hablar de algo superado desde el compromiso de la fe. Es noticia intrascendente, pues no se admite ni se da valor a un reinó que no es político, ni entra en conflicto con los valores y exigencias de los reinos mundanos.

Por otra parte, es relativamente fácil aclamar a Cristo Rey en un momento de euforia espiritual. Pero resulta más difícil creer en un Cristo, presente e influyente en la vida de todos los días, en un Cristo que compromete y cambia la existencia del hombre, en un Cristo exigente que pide fidelidad a los valores permanentes del evangelio.

El Reino de Cristo

El  no reinó desde los sitios privilegiados ni desde los puestos de influencia. Cristo reinó en el servicio, la entrega y la humildad, en el compromiso con los necesitados y con los desgraciados, con los pecadores y las mujeres de la vida, con los que estaban marginados en la sociedad de entonces: ciegos, leprosos, viudas...

Y sin embargo los cristianos pretendemos hacer un reino de Dios a nuestro gusto y medida, en el que se nos dé incienso adoración y admiración. Es un engaño terrible, fruto del egoísmo humano.

Cristo fue y es Rey por ser testigo de la verdad y del amor sin límites. Y nuestra vida está cargada de mentiras y desamores. Es preciso el cambio y la conversión. Vivir en cristiano es descubrir las exigencias y maravillas del reino de Dios con entrega total y confiada.

Como se expresa ese Reino

-Creer en Dios es creer que el bien es más poderoso que el mal; es creer que, al final, el bien y la verdad habrán de triunfar sobre el mal y la mentira. Quien piense que el mal tendrá la última palabra o que el bien y el mal tienen las mismas probabilidades, es un ateo... La fe en el Reino es estar convencido de que, suceda lo que suceda, el Reino habrá de venir

-Frente a la violencia que siembra de sangre la geografía de nuestro planeta, Jesús nos propone la libertad de quien es capaz de romper con la espiral de violencia, que nunca termina, y devuelve bien por mal

-Frente al miedo que paraliza al hombre y lo reduce a una marioneta, Jesús propone la libertad del amor; ni miedo a Dios, porque es Padre bueno; ni miedo a los hombres, porque son hermanos; el cristiano no puede tener miedo a nada ni a nadie, ni siquiera a la muerte, porque Cristo ha triunfado sobre ella.

-Frente a la esclavitud de buscar el éxito fácil, tan frecuente en nuestro tiempo, Jesús propone buscar el único éxito que merece la pena: el del Reino de Dios.

-Frente a la esclavitud del mal, en cualquiera de sus formas, Jesús se presenta como el liberador que trae el Reino del bien.

-Frente a la esclavitud del sufrimiento, Jesús anuncia la llegada del día en el que los ciegos vean, los cojos caminen, los sordos oigan, los encarcelados vean la luz del sol, los pobres escuchen la buena noticia.

-Frente a la esclavitud de ver el mundo sin futuro, sin salida, nosotros afirmamos en nuestra fe que Jesús ha dado comienzo a un mundo nuevo en el que ya no habrá ni luto, ni llanto, ni muerte, ni dolor pues lo de antes ha pasado y Dios lo hace todo nuevo.

Jesús es el liberador soberano y universal; su Reino es un Reino de libertad y vida; sin liberación no puede haber vida, y sin vida la liberación no es nada.

Ahora, debemos preguntarnos ¿es Cristo mi Rey o el esclavo de mis necesidades e intereses?  

Fuentes: Eucaristía

                 Mercaba  

 

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿Cómo, Por qué y Para que el día de Todos los Santos?


Sus inicios

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo, en el año156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general. Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía. Se reunían en el lugar donde estaban sus tumbas, haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

Por esto, hay que descender a ese "laberinto de Dios" que son las catacumbas de Roma, para encontrar, en sus minúsculos oratorios la presencia de un culto tributado a los apóstoles y a los mártires por las primitivas comunidades. Aquellos cristianos puros vivieron todas las dimensiones de la resurrección de Jesucristo, como un esquema luminoso de esperanza en la propia resurrección.

De ahí que la Iglesia prohibiese incinerar los cadáveres o arrojarlos, sin honra ni oraciones en los "puticuli" funerales, edificando, en las catacumbas los cementerios.  Cada aniversario del natalicio para la patria del cielo, se celebraba, según atestigua el Líber Pontificalis, una misa sobre sus mismos sepulcros, orlados de flores y de perfumes, que iba, con frecuencia, acompañada por una "vigilia" nocturna de cánticos y de rezos.

El papa Bonifacio recogió de las catacumbas, las sagradas reliquias de los mártires, que en veinticuatro carrozas fueron portadas procesionalmente con himnos triunfales, y expuestas, en fervor de multitud, a la veneración pública. Pero aún no puede hablarse de una fiesta de Todos los Santos. Se atribuyó a este Pontífice la instauración de la misma, incluso con la fecha del 1 de noviembre, como ahora la celebramos, pero aún corren cerca de cien años más, hasta Gregorio IV —827-844—que la fija el día.

Un fruto del Concilio Vaticano II fue reestructurar el calendario del santoral:

Se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas (se eliminaron algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros); se seleccionaron los santos de mayor importancia (no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc.); se recuperó la fecha adecuada de las fiestas; se dio al calendario un carácter más universal (santos de todos los continentes y no sólo de algunos).
Sentido de la celebración

Los textos bíblicos y eucológicos de la solemnidad de Todos los Santos describen con precisión el contenido de esta celebración: "celebrar, en una única festividad, los méritos de todos los santos de Cristo". Ahora bien, ya que celebrar los méritos de los santos es lo mismo que celebrar los dones de Dios (San Agustín), esta solemnidad es ciertamente la celebración del fruto mejor del misterio pascual de Cristo.
Que son los Santos para ti

La palabra "santo" fácilmente nos recuerda a señores vestidos con largas túnicas, propias de otras épocas, que llevaron una vida bastante distinta de la de sus contemporáneos (a veces con muchas rarezas) y que, en muchos casos, eran obispos, frailes o monjas.

Esta lamentable idea se saca sin dificultad de cierta imaginería religiosa, no poco frecuente, y de las "vidas de santos" catalogados en el santoral oficial. Nos cuesta imaginarnos un santo con una vida tan normal como la nuestra. Ser santo lo hemos identificado con ser raro, aburrido o absurdamente sacrificado. Naturalmente esta figura de santo tiene poco atractivo. En otras ocasiones identificamos al santo con el ser perfecto y concluimos que deben ser cosas de otras épocas, porque hoy en día hay gente buena y hasta muy buena pero perfecto es algo que no podemos decir de nadie que hayamos conocido.

S. Pedro, citando el A.T., nos dice: "sed santos en toda vuestra conducta como el que os llamó es santo".

No se trata de rezos extraordinarios, ni de reprimir la alegría, ni de sufrir mucho ("¡Cuánto sufrió la pobre. Era una santa!"), ni siquiera en ser moralmente perfectos. La parábola de los talentos nos indica que responder a la gracia de Dios en la proporción en que se nos dio, es la cinta que cada uno debe saltar. (...) Cada uno de nosotros es consciente de lo que Dios puso en sus manos y de lo que en cada momento debe ser el fruto de ese don.

Somos, según frase del filósofo, "lo que somos y lo que nos falta". Nuestro destino es Dios, la felicidad, lo que nos falta.

Fuentes: Mercaba

BEC biblioteca Católica

viernes, 26 de octubre de 2012

Nuestro “Kairos” está aquí y ahora


 “Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?” (Lucas 12,54-55)

Las señales del tiempo.  En griego se designa al tiempo de dos maneras: el «kronos», o sea, el tiempo que transcurre minuto a minuto, día a día, y del cual podemos llevar un control por medio del reloj, el calendario o la agenda; es el tiempo cuantitativo, y es el que más determina nuestra vida. La otra expresión que se refiere al tiempo es «kairós», que puede entenderse como una coyuntura especial que sucede en el «kronos», pero que tiene la virtud de transformar la vida, de darle dimensiones nuevas a la experiencia de la cotidianidad; el «kairós» no tiene en cuenta el número de días o de años, sino cómo este instante, este día, este año fue vivido, aprovechado o en qué medida nos hizo crecer.

 Los hombres del campo y del mar, mirando el color y la forma de las nubes y la dirección del viento, tienen un arte especial, a veces mejor que los meteorólogos de profesión, para conocer el tiempo que va a hacer. Estos esquemas le permiten anticipar el tiempo venidero y prever las acciones necesarias por si hace calor o por si llueve. Sin embargo, este conocimiento no se extiende más allá al conocimiento de la realidad.

 Pero los judíos de su tiempo y nosotros ahora no tenemos  vista para "interpretar el tiempo presente" y reconocer en Jesús al Enviado de Dios, a pesar de los signos milagrosos que hace. Jesús les llama "hipócritas": porque sí que han visto, pero no quieren creer. Hay algunos -¿nosotros mismos?- muy hábiles en algunas cosas y necios y ciegos para las importantes. Espabilados para lo humano y obtusos para lo espiritual.

Nosotros ya reconocemos en Jesús al Mesías. Pero seguimos, tal vez, sin reconocer su presencia en tantos "signos de los tiempos" y en tantas personas y acontecimientos que nos rodean, y que, si tuviéramos bien la vista de la fe, serían para nosotros otras tantas voces de Dios. Por ejemplo, las ansias de libertad que tienen los pueblos, la solidaridad con los más injustamente tratados, la defensa de los valores ecológicos de la naturaleza, el respeto a los derechos humanos, la revalorización de la mujer en la sociedad, entre otros.

 El pueblo se debe preocupar por descifrar y anticipar las seguirá siendo la eterna víctima de circunstancias que otros previeron y decidieron. Cuando los problemas nos caen encima, cuando nos encontramos con lo que ya es inevitable, entonces nos acordamos de que había que haber puesto las soluciones. Son muchas cosas las que dejamos pasar en nuestra vida. Las dejamos para el día siguiente, pensando que siempre habrá tiempo disponible para...

A los que hacemos esto Jesús nos llama desde el más fuerte "hipócritas". Nos sucede demasiadas veces que tenemos una visión excelente de lo que sucede a otros o de cómo hay que arreglar las cosas, pero no tenemos valor para aceptar y poner en práctica lo que tenemos que hacer con nuestras propias vidas.

Jesús nos recuerda que nos hemos dejado dominar completamente por el «kronos». Somos  libres y responsables para  tomar aquí y ahora las riendas de nuestra vida, tomar las decisiones oportunas y asumir sus consecuencias. ¿Para cuándo vamos a dejar el tomarnos nuestra vida en serio? ¿Cuándo vamos a leer el Evangelio sin miedo? ¿Cuándo nos vamos a reconciliar de verdad con Dios y con nuestros hermanos? ¿Cuándo vamos a salir de nuestro cómodo cascarón y mirar los nubarrones que se ciernen en nuestro horizonte?

Cuando Jesús se queja de esta ceguera voluntaria, emplea la palabra "kairós" para designar "el tiempo presente". Podríamos preguntarnos hoy si tenemos una "visión cristiana" de la historia, de los tiempos, de los grandes hechos de la humanidad y de la Iglesia, viendo en todo un "kairós", una ocasión de crecimiento en nuestra fe. Por ejemplo en el acontecimiento, sencillo, pero profundo y transformador del Año de la FE.

Fuentes: Mercaba

              La Biblia del Peregrino

 

martes, 2 de octubre de 2012

¿Conoces a tu personal protector?


En la Biblia la palabra Ángel significa "Mensajero", un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos.  En el siglo II el gran sabio Orígenes señalaba que "los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja".  El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe.

Las referencias bíblicas a los santos ángeles son constantes y bellas. En la escritura, los ángeles son mediadores de mensajes divinos, y guiadores-custodios de los hombres. Afirma a este respecto San Jerónimo: “Grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia”.

La celebración de los Ángeles Custodios tiene sus  raíces bíblicas, y de floración popular muy antigua, Paulo V en 1607, y luego Clemente X (1670-1676) le señaló este día 2 de octubre como fecha conmemorativa.

Debido a su naturaleza espiritual, los ángeles no pueden ser vistos ni captados por los sentidos. En algunas ocasiones muy especiales, con la intervención de Dios, han podido ser oídos y vistos materialmente. La reacción de las personas al verlos u oírlos ha sido de asombro y de respeto. Por ejemplo, el profeta Daniel y Zacarías.


La misión de los ángeles es amar, servir y dar gloria a Dios, ser sus mensajeros, cuidar y ayudar a los hombres. En momentos de dificultad, se les puede pedir luz para tomar una decisión, para solucionar un problema, actuar acertadamente, descubrir la verdad; por ejemplo tenemos las apariciones a la Virgen María, San José y Zacarías. Todos ellos recibieron mensajes de los ángeles.

Los ángeles presentan nuestras oraciones al Señor y nos conducen a Él. Nos acompañan a lo largo de nuestra vida y nos conducirán, con toda bondad, cuando muramos, hasta el Trono de Dios para nuestro encuentro definitivo con Él. Éste será el último servicio que nos presten, pero el más importante, pues al morir no nos sentiremos solos. Como ejemplo de ello, tenemos al arcángel Rafael cuando dice a Tobías: “Cuando ustedes oraban, yo presentaba sus oraciones al Señor” (Tob 12,12-16).

En el Nuevo Testamento es tan viva la creencia de que cada uno tiene un ángel custodio, que cuando San Pedro al ser sacado de la cárcel llega a llamar a la puerta de la casa donde están reunidos los discípulos de Jesús, ellos creen al principio, que no es Pedro en persona y exclaman: "Será su ángel" (Hechos 12, 15).

Se puede decir que es un compañero de viaje que siempre está al lado de cada hombre, en las buenas y en las malas. No se separa de él ni un solo momento. Está con él mientras trabaja, mientras descansa, cuando se divierte, cuando reza, cuando le pide ayuda y cuando no se la pide. No se aparta de él ni siquiera cuando pierde la gracia de Dios por el pecado. Le prestará auxilio para enfrentarse con mejor ánimo a las dificultades de la vida diaria y a las tentaciones que se presentan en la vida.
Para que la relación de la persona con el ángel custodio sea eficaz, necesita hablar con él, llamarle, tratarlo como el amigo que es. También se les pueden pedir favores especiales a los ángeles de la guarda de otras personas para que las protejan de determinado peligro o las guíen en una situación difícil. San Agustín usa la siguiente  frase: «toda cosa visible está sujeta al poder de un angel» (22).

Si lo conociste, ahora cuida tu Fe

Actualmente se habla mucho de los ángeles: se encuentran libros de todo tipo que tratan este tema; se venden “angelitos” de oro, plata o cuarzo; las personas se los cuelgan al cuello y comentan su importancia y sus nombres. Hay que tener cuidado al comprar estos materiales, pues muchas veces dan a los ángeles atribuciones que no le corresponden y los elevan a un lugar de semi-dioses, los convierten en “amuletos” que hacen caer en la idolatría, o crean confusiones entre las inspiraciones del Espíritu Santo y los consejos de los ángeles.

Es verdad que los ángeles son muy importantes en la Iglesia y en la vida de todo católico, pero son criaturas de Dios, por lo que no se les puede igualar a Dios ni adorarlos como si fueran dioses. No son lo único que nos puede acercar a Dios ni podemos reducir toda la enseñanza de la Iglesia a éstos. No hay que olvidar los mandamientos de Dios, los mandamientos de la Iglesia, los sacramentos, la oración, y otros medios que nos ayudan a vivir cerca de Dios

Fuentes: ACI Prensa

                Catholic.net