sábado, 28 de abril de 2012

¿Hay o no hay Purgatorio?

Hay muchos católicos que no saben o entiende bien qué es eso tan misterioso que llamamos Purgatorio, porque solo lo hemos escuchado de pequeños en la catequesis de primera comunión o confirmación, en casa, en algunas oraciones, etc., es mas, hay algunos que creen que eso era antes y ya lo quitaron.

Vamos en esta primera entrega a consultar muchas fuentes, aun sea en forma breve para establecer criterios concretos y definitivos.

Diferentes religiones

Varias religiones perciben que la vida terrena de una persona no basta para conseguir la perfección definitiva. Ejemplos: En Oriente la doctrina de la rencarnación es expresión de la idea de que hay otra oportunidad. El islam habla de un estado intermedio, barzakh, en el que el bienaventurado puede disfrutar de  un anticipo de la gloria que le espera, y el malvado ve los tormentos que habrá de soportar. Se prevén también castigos para los que no responden correctamente a las preguntas de los ángeles.

Las Sagradas Escrituras

En la Biblia se puede percibir elementos que ayudan a comprender el sentido de esta doctrina, aunque no esté enunciada de modo explícito. Sin embargo; expresan la convicción de que no se puede acceder a Dios sin pasar a través de algún tipo de purificación.

Según la ley en el  Antiguo Testamento, lo que está destinado a Dios debe ser perfecto. En consecuencia, esto incluye,  la integridad física la cual es exigida para los que entran en contacto con Dios en el plano sacrificial, como, por ejemplo, los animales para inmolar (cf. Lv 22, 22), o en el institucional, como en el caso de los sacerdotes, ministros del culto (cf. Lv 21, 17-23). A esta integridad física debe corresponder una entrega total, tanto de las personas como de la colectividad (cf. 1 R 8, 61), al Dios de la alianza de acuerdo con las grandes enseñanzas del Deuteronomio (cf. Dt 6, 5). Se trata de amar a Dios con todo el ser, con pureza de corazón y con el testimonio de las obras (cf. Dt 10, 12 s).

Esta misma integridad en vida se exige después de la muerte, para así entrar en la comunión perfecta y definitiva con Dios. Quien no la  tiene lógicamente debe pasar por la purificación. A veces esto ocurre por  la intercesión de una persona. Ejemplos: Moisés obtiene el perdón del pueblo evocando la obra salvífica realizada por Dios en el pasado y su fidelidad al juramento hecho a los padres (cf. Ex 32, 30 y vv. 11-13). En el  libro de Isaías, encontramos la  función de interceder y expiar. El Salmo 51 establece el proceso de reintegración: el pecador confiesa y reconoce la propia culpa (v. 6), y pide insistentemente ser purificado o «lavado» (vv. 4. 9. 12 y 16), para poder proclamar la alabanza divina (v. 17).

 El Nuevo Testamento presenta a Cristo como el intercesor, para el  día de la expiación (cf. Hb 5, 7; 7, 25). Pero en él,  el sacerdocio presenta una configuración nueva y definitiva. Es Sacerdote y, al mismo tiempo, «víctima de propiciación» por los pecados de todo el mundo (cf. 1 Jn 2, 2).  Debemos  ser perfectos como el Padre celestial (cf. Mt 5, 48), estamos llamados a crecer en el amor, para hallarnos firmes e irreprensibles en presencia de Dios Padre, en el momento de «la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos» (1 Ts 3, 12 s). Por otra parte, estamos invitados a «purificarnos de toda mancha de la carne y del  espíritu» (2 Co 7, 1; cf. 1 Jn 3, 3), porque el encuentro con Dios requiere una pureza absoluta.

El Apóstol San Pablo nos habla sobre el día del juicio y sobre qué pasará con aquellas personas que tuvieron fe y sirvieron a Dios, pero que su obra no fue tan buena, él lo explica: "Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del  juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. Si lo que has construido resiste el fuego, será premiado. Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará pero no sin pasar por el fuego". (1Cor 3,13-15).

Hay  dos aspectos en este pasaje: en primer lugar si la obra resiste al ser examinada la persona se salvará, en este caso se está refiriendo a un cristiano que va directamente a salvarse, sin necesidad de pasar por una purificación y la otra es  donde la obra de la persona no resistió el juicio y no dice que se va a condenar, sino que ese cristiano tendrá que pagar o ser castigado y se salvará, pero como quien pasa por el fuego. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios.

Conclusión

Debe estar claro que el estado de purificación no es una prolongación de la situación terrena, es decir; después de la muerte no debe entenderse que hay después una  posibilidad de cambiar lo que merecemos por nuestro paso por la tierra. La enseñanza de la Iglesia a este propósito es inequívoca, y ha sido reafirmada por el concilio Vaticano II, que enseña: "Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra (cf. Hb 9, 27), mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde "habrá llanto y rechinar de dientes" (Mt 22, 13 y 25, 30)" (Lumen gentium, 48).

Al seguir estudiando la Biblia sobre este tema, encontraremos que la existencia del purgatorio es una consecuencia lógica de la Santidad de Dios, pues si Él es el tres veces santo(Is 6,3) o sea la plenitud de la santidad y perfección, entonces quienes estén junto a Él también deben de serlo(Mt 5,48), por eso, quien es fiel a Dios, pero no se encuentra en un estado de gracia plena a la hora de morir, no puede disfrutar del cielo porque la misma Biblia dice que en la ciudad celestial: "No entrará nada manchado (impuro)" Ap 21,27 , queda claro que  si un cristiano no puede entrar al cielo por tener alguna mancha o impureza, y no merece sufrir el castigo eterno, es claro que tendrá que ´pagar´.

Está escrito en la Biblia: "Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero el que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro" Mt 12,32.  Jesucristo habla de que hay pecados que no son perdonados en la otra vida; se colige que  hay otros que sí, ese es el sentido de la purificación o sufrimiento en el purgatorio y del porqué nosotros podemos orar (pedir) y ofrecer la Misa por ellos para que Dios tenga misericordia de esos hermanos difuntos que la necesiten, como el caso de Oniséforo mencionado en la Biblia (2 Tim 1,16-18).
Continuara
Fuentes: ACI prensa
               Catholic.net
               BEC. Multimedios
               Mercaba   

jueves, 12 de abril de 2012

Verdades que nos ayudan a entender LA PASCUA

La pascua bíblica.
El término "pascua" proviene de la transcripción griega y latina, pasja; palabra de origen hebreo y arameo, respectivamente, pesah y pasha; que remite a su vez al verbo pasah, que significa "pasar", "saltar". La celebración de la pascua está en el corazón de la experiencia bíblica, ya que está relacionada con el acontecimiento fundador del pueblo de Dios: el éxodo y la alianza. Por medio de la celebración de la pascua se actualiza el acontecimiento salvífico en su forma litúrgica. El culto cristiano como "memorial" se prolonga el acontecimiento salvífico de toda la historia bíblica, que culmina en Jesús, muerto y resucitado.
La pascua hebrea
La primera celebración de la pascua tuvo lugar en el aniversario de la salida de Egipto en el desierto del Sinaí (Núm 9,1-5). Un fragmento de la tradición sacerdotal recuerda el tiempo y la modalidad de la celebración según el ritual tradicional: "Celebraron la pascua en el desierto del Sinaí el primer mes, el día catorce del mes, al atardecer" (Núm 9,5).
La reconstrucción de los ritos y la recuperación del significado de la pascua hebrea tienen una importancia fundamental para comprender el significado y el valor de la pascua cristiana, que está en la base de la interpretación salvífica de la muerte de Jesús. En Ex 12,1-28 se nos narra la razón por la cual los judíos celebraban la fiesta pascual.
La pascua de Jesús y la pascua cristiana.
Las fiestas de pascua que se mencionan en los evangelios sinópticos y en el de Juan marcan las etapas decisivas de la actividad pública de Jesús. La primera fiesta de pascua que recuerda la tradición evangélica es la de Lc 2,41-50. Se trata de la peregrinación anual para la gran festividad judía. Esto sucedió en Jerusalén, en el templo, en donde Jesús revela su destino y su opción a sus padres, que lo habían estado buscando angustiados durante "tres" días.
El evangelio de Juan recuerda expresamente al menos tres pascuas. La primera guarda relación con el signo que Jesús hace en el templo (Jn 2,13-22). La segunda pascua, la de la crisis, va unida al signo de la multiplicación de los panes en Galilea, junto al lago de Tiberíades (Jn 6,1-4). La tercera pascua evangélica mencionada por Juan va asociada al episodio de la resurrección de Lázaro, que provoca la muerte de Jesús para la definitiva resurrección (Jn 11,55).
La última pascua de Jesús.
No es un hecho casual el que Jesús concluya su vida histórica, que comenzó a orillas del lago de Galilea, en la capital judía, en la ciudad santa, una noche de pascua, el 14/ 15 de Nisán, de los años treinta. En este contexto Jesús proclama el último anuncio del reino de Dios, presentando su muerte como el signo supremo de fidelidad y de solidaridad por la salvación de los hombres.
La sucesión más clara y evidente del rito judío y cristiano la tenemos en el evangelio de Lucas: "A la hora fijada se puso a la mesa con sus discípulos. Y les dijo: `He deseado vivamente comer esta pascua con vosotros antes de mi pasión. Os digo que ya no la comeré hasta que se cumpla en el reino de Dios'. El tema pascual aparece en el relato de la pasión y muerte de Jesús, que refleja en el fondo las imágenes del cordero pascual. Jesús es el verdadero cordero, que con su ofrenda libera al mundo del pecado y establece el nuevo pueblo de los liberados (cf Jn 1,29.36). Según Juan, Jesús muere en el momento en que se sacrificaban los corderos en el templo para la celebración de la pascua judía (Jn 18,28).
Las primeras noticias acerca de una celebración anual de la Pascua nos han llegado a través de una polémica acerca de la fecha de la misma celebración. La fecha de la controversia está fijada hacia finales del siglo II, durante el pontificado del Papa Víctor, que amenaza con excomulgar a los obispos del Asia menor por motivo de su celebración pascual, fijada el 14 del mes de Nisán. La controversia versa sobre la fecha de la celebración de la Pascua y no sobre el sentido de la celebración.
En Roma se celebrada el domingo que sigue al 14 de Nisán, también en fuerza de una tradición apostólica que parece remonta al apóstol Pedro.
Los más antiguos textos pascuales de la iglesia
Los dos textos homiléticos más antiguos sobre la Pascua, de finales del siglo II, son el Peri Pascha del Obispo Melitón de Sardes, y la homilía Sobre la Pascua del Ps. Hipólito.
Entre los textos más antiguos que nos recuerdan algún esquema de celebración primitiva de la Pascua esta un fragmento de la Didascalía siríaca (siglo III) donde se expresa así el desarrollo de la vigilia pascual:
Todo se desarrollaba durante la noche en un ambiente iluminado, por tanto en un lucernario permanente, que poco a poco inspirará el solemne rito de la luz con una referencia clara a Cristo luz del mundo. Pero al principio no tenemos algo semejante a la bendición del cirio pascual y del Exultet que son de época posterior.
En la sugestiva unidad entre palabra e imagen, entre anuncio que llega al oído y pintura que se presenta ante nuestros ojos, el misterio de las mujeres de Pascua tiene una hermosa representación plástica en el icono oriental llamado "Las miroforas ante el sepulcro. Las mujeres han visto y han creído. Este es el mensaje fundamental del icono de las miroforas.
 La fiesta pascual de los cristianos tiene sus raíces en la pascua de los judíos. Cuanto mejor conozcamos la celebración judía, tanto mejor comprenderemos el papel de la tipología pascual del Antiguo Testamento para interpretar el misterio de la muerte y la resurrección de Jesús y tanto mejor comprenderemos lo que celebramos en la fiesta más importante de nuestra Iglesia.
El cristiano que celebra la Pascua lleva en sus ojos la luz de la Resurrección, en sus labios mensajes de paz, en su corazón la fortaleza ante todas las adversidades y en la vida el testimonio de la novedad del Espíritu, la promesa de la victoria final.

Fuentes: Enciclopedia  ACI. Prensa
                  Merkaba

miércoles, 4 de abril de 2012

Disfrutemos la Semana Santa con Conciencia y a Plenitud

Para vivir la Semana Santa, debemos darle a Dios el primer lugar y participar en toda la riqueza de las celebraciones propias de este tiempo litúrgico. Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra. La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios.
Punto de Partida
Lo es el texto del Decreto Maxima Redemptionis nostrae mysteria, por el que, en 1955, Pío XII restauraba la liturgia en esos días: «La Santa Madre Iglesia, ya desde la edad apostólica, tuvo interés en celebrar todos los años, con una memoria especial, los más grandes misterios de nuestra Redención: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Triduo Pascual. Corazón del año litúrgico.
El triduo pascual. Era costumbre judía de que todo encuentro especial con Dios y toda celebración cultual era importante tener una purificación previa del espíritu y del cuerpo. El ayuno, constituía la expresión preferida de esa purificación interna y externa. Los primeros cristianos al instituir la fiesta de la Pascua, consideraron que un elemento esencial de su celebración era el ayuno preparatorio.
La expresión Triduo pascual, es relativamente reciente, pues no se remonta más allá de los años treinta del siglo XX; pero ya a finales del siglo IV San Ambrosio hablaba de un Triduum Sacrum para referirse a las etapas históricas del misterio pascual de Cristo.  San Agustín utilizó parecida expresión —Sacratissimum Triduum— para indicar los tres días de Cristo crucifixi, sepulti, suscitati.
El triduo se presenta no como un tiempo de preparación, sino como una sola cosa con la pascua. Es un triduo de la pasión y resurrección, que abarca la totalidad del misterio pascual. Así se expresa en el calendario: Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo es, por tanto, la culminación de todo el año litúrgico.
Luego establece la duración exacta del triduo: El triduo comienza con la misa vespertina de la cena del Señor, alcanza su cima en la vigilia pascual y se cierra con las vísperas del domingo de pascua.
Esta unificación de la celebración pascual es más acorde con el espíritu del Nuevo Testamento y con la tradición cristiana primitiva. El mismo Cristo, cuando aludía a su pasión y muerte, nunca las disociaba de su resurrección. En el evangelio del miércoles de la segunda semana de cuaresma (Mt 20,17-28) habla de ellas en conjunto: "Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará".
Jueves Santo:
La liturgia de este día prevé centrar la atención en tres misterios de singular importancia: la Eucaristía, el Orden Sagrado y el Mandamiento del Amor.
La reforma más importante de la liturgia del jueves Santo ha sido la reintroducción del rito del lavatorio de los pies, después de la homilía, como comentario al Evangelio que se proclama en esta fiesta. En la antigüedad, el rito del lavatorio de los pies era realizado por toda la Iglesia dentro de la liturgia, y con frecuencia, fuera de ella. Era signo evangélico y expresivo de la hospitalidad. Los orientales lo conservaron, dándole su verdadero significado.
Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, donde Él se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el jueves santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la última cena, Jesús se fue a orar, al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.
Después de la Misa se procede a la reserva del Santísimo; reserva necesaria para la Comunión del Viernes Santo. Antiguamente se hacía en la sacristía o en un lugar seguro y poco frecuentado de la iglesia. Pero desde el s. XI, bajo el impulso de la devoción hacia el Santísimo, se va solemnizando el traslado de la Eucaristía y luego se asigna como lugar de la reposición una capilla que debe adornarse con flores y cirios. De ahí el desarrollo de los «monumentos» del jueves Santo y el simbolismo de los comentaristas medievales que veían en el acto de «depositar» el Santísimo el gesto de sepultar a Jesucristo.
Un último elemento de la liturgia del Jueves Santo es la denudación de los altares. Antiguamente se retiraban los manteles al acabar la Misa. En ese gesto usual, los comentaristas han visto un símbolo del abandono total en que Cristo quedó antes de padecer y ya no se celebrará la Eucaristía hasta la noche de la Vigilia Pascual.
Viernes Santo:
Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión.
"El Viernes santo es un día de dolor y tristeza, porque nos hace revivir la terrible agonía y la muerte del Crucificado, después de las humillaciones de la condena y los ultrajes de los soldados y de la multitud, y después de la flagelación, la coronación de espinas y las atroces heridas de la crucifixión.”.
En los templos, el altar ha de estar totalmente desnudo, sin cruz, sin candelabros y sin manteles. El sacerdote y los ministros sagrados se revisten con los ornamentos rojos requeridos para la Misa.

En la primera parte, de la Liturgia de la Palabra, meditamos en Jesús Salvador y Sacerdote eterno y universal por su Pasión redentora, destacándose el aspecto glorioso de la Pasión victoriosa de Jesús. Esta parte concluye con la Oración Universal.

En la segunda parte, es llevada la Cruz al altar, para luego ser adorada por toda la asamblea.  A la finalización de esta veneración está prevista una Memoria de los Dolores sufridos por la Santísima Virgen junto a la Cruz de Jesús, piadoso ejercicio que se realizaba, según una antigua tradición, en la tarde del Viernes Santo. Y en la tercera parte, con la Comunión Eucarística, concluye la celebración de esta jornada dolorosa. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne.

Sábado Santo o Sábado de Gloria:
El Sábado Santo es un día tradicionalmente alitúrgico; pero no por ello se deja la plegaria, que es un elemento esencial del ayuno. Al ser el ayuno público y comunitario también lo deberá ser la oración; por esto se ha mantenido y favorecido la participación en el Oficio divino de todos los fieles.
Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una vigilia pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos
El camino cristiano es el camino iluminado por las enseñanzas y ejemplos de Jesús. Es el camino de la cruz, que es también el de la resurrección; es olvido de sí, es perderse por Cristo, es vida que brota de la muerte. El misterio pascual que celebramos en los días del sagrado triduo es la pauta y el programa que debemos seguir en nuestras vidas. En la vida de Cristo, y sobre todo en su cruz, vemos su valor redentor. El crucifijo no debe reducirse a un doloroso recuerdo de lo mucho que Jesús sufrió por nosotros. Es un objeto en el que podemos gloriarnos porque está transfigurado por la gloria de la resurrección.
Fuentes: ACI Prensa
                 Merkaba
                 Koinonia



domingo, 25 de marzo de 2012

¿Por qué la Patrona de Cuba tiene tantos nombres?

¿Por qué el Benedicto XVI visita Cuba?
Primero analicemos cuales fueron las razones que tuvo Su Santidad  en la segunda etapa de su visita a América Latina y el Caribe ir a Cuba, del 26 al 28 de marzo. Para ello oigamos lo que nos dice  el Cardenal Jaime Ortega.
“Desde el comienzo de su pontificado, ya en la primera ocasión que yo tuve un contacto con él fue un momento doloroso para la Iglesia porque había muerto un Papa, pero a la vez único en la vida de un cardenal de participar en la elección de un sucesor, de aquel Papa Juan Pablo II tan querido en el mundo entero. En aquella ocasión, cuando ya Benedicto XVI había sido nombrado, en el  momento en que se dijo el nombre de Ratzinger estalló un aplauso al ver que tenía las dos terceras partes de los votos necesarios para ser elegido, en ese momento el Papa recuerdo cómo bajó el cabeza como estremecido, como alguien que tenía un peso inmenso. Después fue, se cambió, vino ya el momento en que él explicaba su aceptación y el nombre que había elegido, Benedicto, y después vino nuestro homenaje y nuestra obediencia a la  Iglesia y al Papa. Me arrodillé delante de él, él tomó mis manos y me dijo palabras muy cariñosas –vamos a decir así- para Cuba”.
“Lo quiso incluir porque desde siempre tenía este deseo en su corazón, pero ahora tenía una oportunidad extraordinaria: celebrábamos en Cuba los 400 años del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. Es un Año Jubilar. Él ha querido venir a acompañar y a celebrar con los cubanos el IV Centenario del hallazgo y la presencia de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad en nuestra patria.  Los cubanos están peregrinando este año al Santuario del Cobre, para visitar a la Patrona de Cuba y él quiso venir como peregrino. Ese es el motivo del lema que se ha escogido para esta visita: “Peregrino de la Caridad”.
Nuestra Señora de la Caridad y de los Remedios o Virgen de la Caridad del Cobre
En cierta mañana de 1607, o según otros de 1608, dos hermanos indígenas, llamados Juan y Rodrigo de Hoyos, y el criollo Juan Moreno, de alrededor  diez años, fueron enviados por el administrador de la estancia o hato de Varajagua  a buscar sal en las orillas de la bahía de Nipe. Llegados a la orilla, encontraron el mar agitadísimo a causa del  fuerte viento que soplaba acompañado de copiosa lluvia. Como les era imposible ejecutar la tarea, se refugiaron en el bohío llamado Cayo Francés, donde permanecieron tres días, al cabo de los cuales, serenado el tiempo, pudieron embarcarse en débil canoa y dirigirse a las salinas de la costa. Serían como las cinco de la mañana, cuando alcanzaron a descubrir entre las brumas de la aurora un bulto que, flotando entre las aguas, venía hacia ellos. Creyeron que era un bote naufrago que a ellos volaba; pero se vieron agradablemente sorprendidos al reconocer que era una devota imagen de la Virgen María. Venía esta sobre una pequeña tabla en la cuál se leía la siguiente inscripción: Yo soy la Virgen de la Caridad.
La altura de la imagen es cómo de quince pulgadas. Su rostro redondo, de color blanco. En el brazo izquierdo tiene a su divino Niño, pequeñito, sosteniendo en una mano la esfera, símbolo del mundo, y la otra levantada, en actitud de dar la bendición. Todo su aspecto inspira respeto y veneración. Tomaron los felices tripulantes aquella preciosa joya, cuál inestimable don enviado del cielo, y notaron en ella que ni la orla del vestido de la Señora se había mojado.
La devoción a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, es  por el nombre de la Villa en que es venerada " El Cobre",  esta dista cuatro leguas de la Ciudad de Santiago, cuenta tres mil quinientos habitantes. Con una topografía montañosa y muy abundante en minas de metal que da su nombre a la Villa y al ayuntamiento, de ahí se extendió rápidamente, desde su Santuario en el Cobre, a Santiago de Cuba y a toda la región Oriental. Se tiene noticias que ya en el año 1648 la Parroquial Mayor de Bayamo tenía un altar dedicado a la Virgen de la Caridad. Podemos decir sin temor a equivocarnos que, con mayor razón, su devoción fue igualmente acogida por los santiagueros debido a la fuerte relación que existía entre ambas localidades y porque varios sacerdotes ejercieron su ministerio en Santiago de Cuba y en El Cobre, ya sea como párrocos o como capellanes de la Virgen., a través del tiempo, mayor arraigo en la devoción de los santiagueros fue la imagen de la Virgen de la Caridad veneraba en la Iglesia de santo Tomás Apóstol.
El primer dato, que hasta ahora conocemos, de la existencia de una imagen de la Caridad en una iglesia de Santiago de Cuba es del año 1752. Lo cual nos dice que con anterioridad a esta fecha existía ya una profunda devoción, tal vez desde mismo momento en que esta iglesia se abrió al culto o después, porque constan otras fundaciones de capellanías a favor de Ntra. Sra. de la Caridad hasta 1810.
Virgen Mambisa
Aunque no se conoce ningún escrito sobre el origen del sobre-nombre de “Mambisa” que se le suele dar a esta imagen, la tradición oral es muy variada pero todas coinciden en el mismo punto: la certeza popular de que la Virgen María bajo el título de Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre acompañaba y protegía a los cubanos en la búsqueda de su independencia. Nos parece que la opinión más acertada es que, por lo general, los vecinos de la Parroquia de Santo Tomás se destacaban por estar muy comprometidos en la lucha por la independencia y esto se asociaba e identificaba con la fuerte devoción a la Caridad que había en el barrio. De hecho en los libros de esa parroquia están asentados, entre otros los nombres de los generales de la Guerra de Independencia: Planas Ulloa, Antonio de la Caridad Maceo Grajales, Francisco Sánchez Hechavarría.
De ahí que la tradición oral diga que muchos santiagueros al incorporarse a las tropas mambisas primero pasaban ante el altar de la Caridad en santo Tomás para encomendarse a la Virgen en el nuevo paso que iban a dar y que los insurrectos que entraban clandestinamente en Santiago iban a escondidas a orar ante su altar. De hecho el sobre-nombre de “Mambisa” quedó en la memoria de muchos santiagueros.
Como una forma de sintetizar el relato de la Patrona de Cuba, recogemos fragmentos de una poesía de Ariel Lardoeyt Perera
Era una imagen hermosa,
sobre una tabla venía,
era la Virgen María,
santísima y majestuosa.
La aparición prodigiosa
reveló su identidad
al verse con claridad
que en la flotante madera
decía que ella era
Virgen de la Caridad.

De regular estatura,
con el rostro algo moreno
y su mirar está lleno
de dignidad y dulzura.
Así es esta Virgen pura
que sobre la tabla viene,
en el brazo izquierdo tiene,
hermoso, al niño Jesús
y en el derecho una cruz
que con la mano sostiene.
Quien no lo ha visitado,
cuando al promontorio suba,
a la Patrona de Cuba
verá con su hijo cargado.
El lugar está inundado
de muchas flores, de amor,
la santa paz del Señor
se percibe a toda hora,
allí está Nuestra Señora,
siempre en el altar mayor.
   Resumen del programa que agotara el Su Santidad Benedicto XVI en Cuba
    El Papa llegará a Santiago de Cuba, el lunes 26 de Marzo a las 2:00 pm. La Misa en la Plaza Antonio Maceo será a las 5:30 pm. El Martes 27 por la mañana el Santo Padre hará una visita a la Virgen de la Caridad en la Basílica Santuario Nacional del Cobre a las 9:30 am y viajará posteriormente a la Habana, donde celebrará la Misa el miércoles 28 de marzo a las 9:00 amen la Plaza José Martí.
 El martes 27 de Marzo, a las 10:00 am, en la Parroquia de Santa Rita se reunirán los jóvenes de la Habana que han sido convocados por la Pastoral Juvenil para acudir a la Nunciatura y esperar con sus cantos y su alegría la llegada del Papa. La noche del 27 al 28 de Marzo se efectuará una Vigilia de oración en la Plaza de la Catedral de la Habana por los frutos de la visita del Santo Padre a Cuba…los jóvenes han pedido que haya confesores…El Papa encontrará en Santiago de Cuba el edificio del Arzobispado hermosamente restaurado y acogedor para que pase allí sus primeras horas en Cuba antes de la Misa en la Plaza Antonio Maceo.


lunes, 19 de marzo de 2012

¿El sacerdocio es profesión o vocación?

El sacerdocio, la «profesión» más feliz
A finales del pasado mes de noviembre, la prestigiosa revista norteamericana Forbes, especializada en el mundo de los negocios y las finanzas y conocida habitualmente por la publicación anual de la lista de las personas más ricas del mundo, publicaba una lista de las diez profesiones más gratificantes, a juzgar por el grado de felicidad de quienes las ejercían. Los sacerdotes católicos lideraban la encuesta.
Pero es para preguntarnos de nuevo ¿Es el sacerdocio la profesión más feliz del mundo? Según el parecer de la revista Forbes, sí. La razón para justificar la felicidad inherente al ejercicio del sacerdocio consiste en que este otorga a la vida un sentido que hace de la propia existencia algo digno de ser vivido. Según el estudio, ni la remuneración económica ni el status social que se deriva del ejercicio de una profesión inciden en la felicidad que reporta.
La afirmación de que los sacerdotes eran las personas más satisfechas y realizadas en el ejercicio de su profesión causó sorpresa tanto entre creyentes como en no creyentes. La imagen que se tiene del sacerdocio apunta más bien a todo lo contrario. Se opina que los sacerdotes son hombres algo amargados, apartados del mundo y escasamente comprometidos con los problemas reales de la sociedad. Por eso, afirmar que el sacerdocio es la profesión más “feliz”  nos  invita a formular una cuestión: ¿qué es lo que hace del sacerdocio la profesión más feliz del mundo? Responder a esta cuestión no es fácil.
¿Profesión o vocación?
 ¿Es el sacerdocio una profesión? Es verdad que podemos identificar algunas tareas que son propias del sacerdocio, y que el sacerdocio está considerado socialmente como un “trabajo cualificado”, pero si se le pregunta a cualquier sacerdote por su sacerdocio, ninguno dirá que se trata de una profesión. Dirá más bien que se trata de una vocación.
El estudio de Forbes se equívoca en la identificación de profesión y vocación, que esta  ampliamente difundida en nuestra cultura, y que da lugar a no pocos malentendidos.
Profesión
Se refiere a una actividad externa, se determina en función de los gustos, las cualidades y las posibilidades,  pone en funcionamiento la dimensión creativa-generativa, remunerado, puede cambiar, pide disciplina y dedicación.
Vocación
Tiene que ver con el interior de la persona, exige una determinación espiritual,  ponen en funcionamiento todas las dimensiones de la vida: afectiva, de la existencia racional, creativa, etc., Gratuito, Permanece.
 Si observamos estas características de ambas, nos percatamos de que mientras los indicadores de la profesión tienen que ver sobre todo con el hacer, los de la vocación apuntan más bien al ser. La vocación, en efecto, afecta a nuestra identidad profunda, dice quiénes somos en realidad, más allá de toda apariencia. De este modo, podemos decir que el sacerdocio es una profesión en la medida que el sacerdote “hace” cosas, desempeña diversas funciones, pero con eso no está dicho todo. Lo que verdaderamente define al sacerdocio es su carácter vocacional; es decir, el hecho de que se trata de un proyecto de vida que exige una determinación espiritual (una respuesta a una llamada), que afecta a todas las dimensiones de la vida (corpórea, afectiva, intelectual, etc.), que pide exclusividad, entrega y fidelidad absolutas, y que es animado por una pasión: la pasión por el Evangelio. Exige exclusividad, entrega absoluta.
Las diferencias enumeradas no han de ser consideradas como opuestos excluyentes, sino como matices distintivos. El que la vocación sacerdotal requiera de una determinación espiritual, es decir, de una elección libre del individuo que responde ante Dios, no significa que los propios gustos se marginen o que las propias cualidades permanezcan sin explotar. Hay sacerdotes que son excelentes músicos, escritores o profesores. Lo que significa es que estos, no constituyen el elemento fundamental de la vocación sacerdotal.
El sacerdocio, una cuestión de pasión…
La pasión es un movimiento del alma, una exaltación de nuestro ser, que surge espontáneamente, sin que medie determinación alguna por parte de quien es presa de ella. Es un elemento fundamental de la experiencia del amor, aunque esta no se agota en la pasión. La pasión embruja, hechiza, desinstala de la realidad habitual para hacer entrar a quien posee en una dimensión distinta, en otro orden de realidad. Es la condición indispensable del enamoramiento.
Con frecuencia se piensa que la pasión es instintiva e irracional, que irrumpe intempestivamente, arrasando toda consideración racional o moral. «La pasión es ciega», dice el dicho popular. El genial escritor Stendhal, en cambio, afirma: «la pasión no es ciega, sino visionaria». Frente a la creencia popular, la pasión no es arbitraria, sino que recrea la realidad, imagina un nuevo orden, un mundo diverso, precisamente para hacer más habitable el mundo real. En este sentido, se puede decir que la pasión no es “razonable”, ya que cuestiona la prudencia de la razón, el realismo de la sensatez que no pocas veces enmascara un  pesimismo.
La pasión, es un ingrediente fundamental del enamoramiento y, consecuentemente, de la experiencia del amor. La pasión, por tanto, es provocada siempre por una persona que suscita en nosotros un deseo de proximidad y unión.
por el Evangelio
Sentir pasión por el Evangelio es posible porque el Evangelio no es primariamente un mensaje, un conjunto de ideas encomiables, sino fundamentalmente una persona, Cristo, el Hijo de Dios, que nos ha invitado a la conversión y a creer en el Evangelio (Mc 3,14).
La pasión por el Evangelio nos abre también a la esperanza, desplegando una mirada nueva sobre la realidad, hasta entonces percibida como cerrada en sí misma. No se trata de una esperanza cualquiera, sino de la Esperanza con mayúsculas: la esperanza de la salvación, del advenimiento del Reino de Dios. Esta esperanza tiene como garante el Evangelio predicado –Cristo muerto y resucitado– y constituye el dinamismo esencial de la fe cristiana.
Así, la pasión por el Evangelio emerge como una fuerza que empuja a crecer, a estrechar la distancia entre Cristo y cada uno de nosotros. Se trata de un dinamismo necesario en el seguimiento de Jesús, pues nos alerta ante cualquier acomodamiento.
La pasión por el Evangelio libera de las comodidades, nos obliga a distanciarnos de ellas para cuestionarlas. El Evangelio es para quien lo acoge y lo hace vida una fuente constante de riesgo, pues abre una brecha entre la realidad –personal y social– tal como es y la realidad tal como debería o podría ser.
«Al verlos, compruebo de nuevo cómo Cristo sigue llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y la oferta del Evangelio al mundo» (Homilía de Benedicto XVI en la celebración eucarística con los seminaristas durante la JMJ 2011).
Fuente: Reflexión teológico pastoral elaborada por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de España, con motivo del Día del seminario 2012.


jueves, 15 de marzo de 2012

¿Qué hablaron los obispos haitianos y dominicanos?

1. Consideramos que es una gracia de Dios que las dos Conferencias del Episcopado, dominicano y haitiano, se hayan encontrado para compartir sus experiencias pastorales, como lo han venido haciendo en los últimos años, unas veces en República Dominicana, otras en Haití. De hecho este es el XI encuentro de ambas Conferencias.
2. Somos pastores del pueblo de Dios, y por tal motivo, nos hemos reunido para compartir. No nos mueve ningún otro interés que no sea el bien que, como Pastores, debemos procurar para nuestros pueblos. Somos dos pueblos hermanos y vecinos, a raíz del fenómeno migratorio que afecta nuestros dos pueblos, hemos considerado conveniente encontrarnos de nuevo.
3. Estamos compartiendo sobre aspectos importantes de la vida de nuestros pueblos, como lo es el proceso de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto. Los obispos de Haití han manifestado su gratitud por las múltiples ayudas recibidas de todas partes, particularmente agradecen la generosidad, la rapidez y el respeto con que el pueblo y gobierno dominicano respondieron a la situación de emergencia después del terremoto.  En estas circunstancias jugaron un papel estelar Cáritas Haití, Cáritas Española y Cáritas Dominicana, con el fin de ayudar al propósito común, desde la solidaridad cristiana, de reforzar los lazos entre las dos Iglesias hermanas.
4. Ya desde 1999 las Cáritas de las diócesis fronterizas de Haití y las Cáritas y los organismos de desarrollo de las tres diócesis fronterizas, Mao-Montecristi, San Juan de la Maguana y Barahona, agrupados en  Pro-frontera, comenzaron a trabajar en conjunto. En el 2001, en Azua, se hermanaron las diócesis de Mao-Montecristi con Fort Liberté, San Juan de la Maguana con Hinche, Barahona con Puerto Príncipe y Jacmel, y definieron las áreas de trabajo en las que iban a intervenir: Medio ambiente, agropecuaria, comercialización, salud, agua, saneamiento básico, infraestructura, educación, cultura, derechos humanos, migración y fortalecimiento institucional.
5. Hemos formulado y realizado proyectos y programas tendentes a mejorar la calidad de vida de las comunidades fronterizas. Por ejemplo la reparación de caminos, huertos familiares, saneamiento básico, acueductos y la reparación del puente de Artibonito. Aparte de la realización  material de estos y otros proyectos, tenemos que destacar que hemos visto la posibilidad para que los dos pueblos trabajen unidos en busca de su desarrollo. Varias instituciones amigas, entre las que citamos la Cáritas de España y la Agencia de Cooperación Española, nos han hecho considerables aportes para la realización de estos proyectos.
6. Como los obispos de la Conferencia de Haití están particularmente interesados en que la solidaridad, ayuda y cooperación no se detengan para la reconstrucción de las áreas afectadas por el terremoto del 2010, la Conferencia del Episcopado Dominicano ha tomado la decisión de invitar a personas voluntarias cualificadas, y recabar ayudas de personas particulares, empresas, instituciones, para apoyar la obra de reconstrucción de Haití. Se hizo particularmente énfasis en conseguir materiales de calidad a precios asequibles (varilla, cementos, zinc, etc.). Todas las ayudas recabadas se pondrán en mano de la Conferencia del Episcopado de Haití. Para dar seguimiento a estos compromisos, ambas Conferencias decidieron crear una Comisión  integrada por los secretarios generales y los directores y equipos técnicos de las Cáritas nacionales.
7. Ha ocupado un lugar importante en nuestro diálogo el tema de la migración, pues las dos naciones tienen flujo migratorio en ambas direcciones, no se debe olvidar que este tema ha sido ya abordado en precedentes encuentros, pero como mantiene su vigencia, hemos creído conveniente tratarlo nuevamente.
8. Nos empeñamos a sensibilizar a nuestros dos gobiernos para hacer más con respecto a la acogida de los migrantes, a respetar los derechos y a evitar la manipulación del tema haitiano durante las elecciones.   
9. Respecto al espíritu que anima nuestro encuentro, consideramos particularmente significativas las palabras de saludo de Mons. Chibly Langlois, Presidente de la Conferencia Episcopal de Haití: “Sobre esta tierra afortunadamente fue plantada la cruz redentora de Jesús, que no cesa de bendecir a sus habitantes sin distinción. Y es en el nombre de esta misma fe en Cristo Jesús que nuestras dos Iglesias hermanas deben mostrarse promotoras de vida en abundancia, de dignidad humana y caridad fraterna”.
DOCUMENTO FINAL
XI ENCUENTRO-REUNION CED-CEH
12 -14 marzo 2012
 Casa María de la Altagracia, Santo Domingo, R.D.


jueves, 8 de marzo de 2012

¿Qué dice la Iglesia de la Sábana Santa de Turín?

Uno de los más grandes desafíos que tiene la Iglesia Católica para este milenio, es conducir a los hombres nuevamente hacia Dios y creemos que no podemos permitirnos el ser timoratos, ni mucho menos omisos, en divulgar tan invalorable medio como es, sin duda, el lienzo de Turín.
Por qué, como nos decía el Santo Padre Benedicto XVI en su visita al Santuario de la Santa Faz de Manoppello, creemos que: «todos nosotros, como dicen los Salmos, "buscamos el rostro del Señor"… Juntos tratemos de conocer cada vez mejor el rostro del Señor y de encontrar en el rostro del Señor la fuerza de amor y de paz que nos muestra también el camino de nuestra vida» y la Sábana Santa es sin duda un medio particularmente privilegiado para encontrarnos con el rostro del Señor.

A todos nos gustaría escuchar, y en el fondo es la gran pregunta que todos nos hacemos y me incluyo en primera persona; si es la Sábana Santa de Turín el único testigo mudo del hecho más extraordinario de toda la historia de la humanidad: la Pasión, Muerte y Resurrección de Dios-Hombre, nuestro Señor Jesucristo. Por consiguiente,  es necesario tener claro ¿cuál es el grado de confiabilidad y autenticidad que podemos llegar analizando esta mortaja dada su intrínseca relación con Jesús de Nazaret?

¿Podemos afirmar que la Sábana Santa de Turín es verdadera?
Un criterio, nos decía Juan Pablo II, será el aproximarnos a «la Sábana Santa sin actitudes preconcebidas que den por descontado resultados que no son» y el mismo Papa nos invita «a actuar con libertad interior y respeto solícito, tanto en lo que respecta a la metodología científica como a la sensibilidad de los creyentes».

Debemos distinguir la verdad y la verificabilidad del objeto en cuestión ya que esto último implica entrar en un ámbito donde el científico debe reconocer sus límites ante una realidad que lo sobrepasa: el misterio.
La ciencia, como medio para conocer la verdad de la realidad, se engrandece en el momento que reconoce sus límites y los busca sobrepasar acudiendo a conocimientos que van más allá de su competencia. «La ciencia se basa en el criterio de la verificabilidad, pero la verdad no es identificable exclusivamente con lo que puede ser verificado.

Si en realidad todo lo que es verificable es ciertamente verdad, no todo lo que es verdad es ciertamente verificable. La ciencia debe por tanto reconocer y respetar la existencia de campos de competencia diferente al propio, como los de la filosofía y de la teología. A ellas aguardan iguales derechos y posibilidades en la búsqueda de la verdad».
¿Cuál debe de ser el criterio - sea histórico, científico o religioso - que debe de utilizarse? y ¿cuál es el nivel de certeza que se necesita para establecer definitivamente la autenticidad de la Sábana Santa? Este problema ciertamente no es sencillo. Juan Pablo II ha sido claro al afirmar que este problema no es competencia del Magisterio de la Iglesia ya que la Sábana Santa no es un objeto de fe sino que es un objeto histórico único y particular.
Las conclusiones a las que han llegado los diversos estudios científicos sobre la imagen del cuerpo en la Sábana Santa son las siguientes: 1.La imagen es el resultado de haber envuelto un cadáver marcado por unas 700 heridas; 2.es el resultado por haber estado envolviendo un cadáver crucificado entre 30 y 36 horas; 3.el desvanecimiento del cuerpo se ha dado sin dejar marcas y 4.finalmente, el mecanismo de transferencia de la imagen en el lienzo se ha dado por medio de un cambio en las fibras superficiales del lienzo y es de origen desconocido. No existe nada parecido a la Sábana Santa.
Por lo tanto podemos afirmar con un alto grado de certeza que la Sábana Santa al ser un objeto único es un objeto irreproducible e inimitable. No existe nada que pueda asemejársele, por lo tanto no podría ser considerado falso en sí mismo. El enigma científico sobre el mecanismo de transferencia de la imagen de un cadáver a un lienzo es la verdad interna de la Sábana Santa. Cualquier prueba externa al lienzo podría ser falsificable por ser reproducible. Solamente la Santa Sábana es en sí misma la prueba de su propia autenticidad y su propia certificación. Es un objeto que no puede ser explicado pero que es real y existe. Es por eso que, el recordado Juan Pablo II, nos decía: «Este preciosísimo lienzo, con su elocuencia dramática, nos ofrece el mensaje más significativo para nuestra vida: la fuente de toda existencia cristiana es la redención que nos consiguió el Salvador, que asumió nuestra condición humana, sufrió, murió y resucitó por nosotros. La Sábana Santa nos habla de todo esto. Es un testimonio único».
Algunas consideraciones importantes
Para tener una recta aproximación a la Sábana Santa. Un punto es que «la fe es ante todo la adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana».
Esta verdad revelada por Dios mismo al hombre se da un momento histórico-temporal y ella está contenida en el llamado depositum fidei (depósito de la fe): es decir las Sagradas Escrituras y la Sagrada Tradición. Este es el fundamento de nuestra fe y no es otro. «Creemos a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos». Adherirse-creer en estas verdades sobrenaturales es absolutamente necesario para poder alcanzar la salvación eterna y es por eso que contamos con la directa ayuda-gracia de Dios «que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede "a todos gusto en aceptar y creer la verdad"».
Fuentes: Enciclopedia  ACI PRENSA
                Blog de Rafael de La Piedra